Nacimiento

    No importa a qué religión adscriba cada uno de Ustedes (o a ninguna)…

    No importa qué edad tenga, o a qué se dediquen…

    No importa en qué país estén ahora los ojos que leen estas letras…

     Quiero desearles una verdadera Navidad Interna para este tiempo: porque todos nos estamos pariendo a nosotros mismos. Con esfuerzo. Con sufrimiento. Con gozo. Innegociablemente re-naciendo. Un nacimiento intencional, en el cual somos el niño, la partera y la parturienta… Y eso es, entre otras cosas, lo que la Navidad simboliza, más allá de todo credo (de hecho, es un mito presente en distintas culturas de la Humanidad…): que nuestra Esencia nazca libre, expresando nuestra verdadera identidad.

     Neruda dijo: “Pido permiso para nacer”. Tal vez poco permiso haya que pedir: simplemente pujar desde el pecho hacia afuera…

     Gracias por la confianza que me brindaron en este año. Gracias por el afecto. Espero poder transitar juntos, más allá de las fronteras, los caminos que ya están viniendo hacia nuestros pies.

     Abajo les comparto un poema. Que les acompañe en el caminar…

     Afectuosa y verdaderamente:

 

 

NACIMIENTO

Hoy volveré a nacer: pido permiso.

Permiso útero, permiso cordón prieto.

Permiso agua, placenta, oscuridades.

 

No podrá retenerme la tibieza

plácida y calma del vientre cobijante.

No podrán disuadirme las presiones

de este túnel de carne que hoy me puja.

Con decisión inequívoca y sagrada

determino nacer: me doy permiso.

 

Y aquí estoy, desnudo de corazas,

dispuesto a recibir besos y abrazos

(no la palmada que provoque el grito:

ya no permitiré que me golpeen.)

Parteros de quien vengo renaciendo,

miren quién soy: soy digno. Los recibo.

Miren quién soy: adultamente niño.

Miren quién soy: vengo a ofrecer mi entrega.

Miren quién soy: apenas si respiro,

pero, de pie, me yergo y me estremezco,

dándome a luz en mi realumbramiento.

Tengo coraje para empezar de nuevo:

fortalecido en mis fragilidades

lloro de dicha, de dolor… lloro de parto.

Lloro disculpas a quienes no me amaron,

por el maltrato, el frío, el abandono:

lloro la herida de todo lo llorable.

Y lloro de ternura y de alegría

por tanto recibido y encontrado:

lloro las gracias por el amor nutricio,

por la bondad de los que me ampararon.

Lloro de luz, y lloro de belleza

por poder llorar: lloro gozoso.

 

Bienvenida es vuestra bienvenida.

Sin más queja, dolido y reparado

por la caricia de este útero abrazante,

aquí estoy: recíbanme. Soy digno.

Me perdono y perdono a quien me hiriera.

Vengo a darles y a darme íntimamente

 una nueva ocasión de parimiento

a la vida que siempre mereciera.

Me la ofrezco y la tomo.  Me redimo.

 

Me doy permiso para sentirme digno,

sin más autoridad que mi Conciencia.

Bendito sea este Renacimiento.

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