Su Nombre es Misericordia

Kuan Yin Diosa de la Compasiòn y el Perdòn:

“No escatimes el perdón, es imposible caminar con tantas heridas abiertas”

 

Cuenta la historia que Kuan Yin era hija de un hombre un hombre rico, que decidió que todas sus hijas deberían casarse, pero ella solo quería ingresar en un templo donde poder orar, y brindar servicio a todo aquel que lo necesite, su padre le prohibió que fuera, sin embargo ella se retiro al templo, y allí comenzó su calvario.

Su padre pidió a los responsables del templo que le asignaran los peores trabajos, que ella con profundo amor realizaba, tal era la furia de su padre que mando a incendiar el templo, al ver el fuego ella con sus propias manos lo apago, sin lastimarse ni quemarse.

Su padre mando un verdugo para matarla, cuando este creyó que estaba muerta, su cuerpo intentaba recomponerse pero su conciencia se trasladaba al reino de los muertos, al ver la tristeza que reinaba allí, comenzó a cantar y se dio cuenta que ese no era el lugar donde ella quería estar, entonces se reintegro a su cuerpo retornando así a la vida.

Y decidió pasar el resto de su vida en una isla mas allá del océano cantando y rezando, ella quería ser el faro de amor para la humanidad.

Y cuenta la historia que ella esta allí dispuesta a brindar amor y consuelo a todo aquel que lo necesite, sin albergar rencor alguno contra nadie, perdonando y aliviando el dolor que produce la traición.

El sufrimiento, la angustia y la decepción son a veces tan profundos y nos provocan un estado que no da lugar a la compasión, sobre todo porque a veces quienes mas dolor nos causan son aquellos en quienes confiábamos, y de quienes mas lealtad esperábamos.

Ante el daño, el sufrimiento y la angustia, la única cura posible es el PERDON.

Cuando uno experimenta estos sentimientos inconscientemente desarrolla un odio viceral, que si no se asimila con el tiempo se va convirtiendo en rencor, esta emoción negativa repercute en nuestra salud física, mental y espiritual.

Perdonar sin duda nos hace bien, reconciliarse con los otros y con la vida tiene que ver con ponerse en lugar del otro y comprender, el perdonar es una virtud que todos en algún momento tenemos que trabajar.

El enojo, el rencor, el resentimiento son generadores de falta de amor, de frustración y enfermedad por el contrario perdonar nos lleva a un estado de bienestar físico y psíquico.

No sabemos cuales fueron las causas que llevo al otro a obrar de tal o cual manera, pero admitir que desconocemos las razones nos lleva a la comprensión.

Hay una frase que dice “perdonar es amar”, esto nos lleva a pensar que debemos amar a quien nos lastimo, pero en realidad quiere decir que perdonar es amarnos a nosotros mismos ya que el perdón concede libertad y calma.

Martin Luther King dijo: “el que es incapaz de perdonar es incapaz de amar”.

Cuando mas humildes seamos nos daremos cuenta que no hay una sola verdad sino muchas verdades y vamos a tener mas facilidad de aceptar la verdad del otro que puede no ser la nuestra.

La raíz de toda acción compasiva radica en la máxima “lo que tu no quieras, no lo quieras para los demás”.

Al escuchar al Dalai Lama sobre el concepto de compasión cambio mi manera de pensar, yo creí que la compasión era lo mismo que la empatia, sin embargo él destaco, que la compasión genuina genera un sentido de la responsabilidad espontánea que nos impele a actuar para aliviar el sufrimiento, a continuación sito los versos que su Santidad recita a diario:

Mientras perdure el espacio,

Mientras existan los seres sensibles;

Hasta ese mismo momento,

Yo también perduraré,

Y disiparé las desgracias del mundo

Kuan Yin es la que escucha los llantos del mundo, es la que escucha con empatia, aceptando a la persona y a sus sentimientos, sin mostrarse sentenciosa o a la defensiva, es la capacidad de escuchar y soportar el dolor, la rabia, y el sufrimiento ajeno.

Escuchar y contar implica correr un riesgo, es difícil ser testigo y escuchar con compasión sin verse involucrado personalmente en la historia, Kuan Yin es el arquetipo al que acudimos para poder escuchar y soportar nuestro propio dolor y el dolor de los demás y sentir misericordia por ellos.

Perdonar es recordar sin dolor, siempre quedará la duda acerca de la utilidad del olvido, si lo que hace el olvido es enterrar al pasado entonces, no sirve, ya que todo lo que se entierra genera una raíz de amargura y con el tiempo el rencor volverá a brotar de forma inexorable y volveremos a sufrir ese daño una y otra vez.

Cuando perdonamos hay un solo beneficiado nosotros mismos, y cuando pedimos perdón nosotros también somos beneficiados, podemos incluso perdonar a alguien que no existe y el beneficio será nuestro.

La imposibilidad de perdonar enferma, el perdonar es sanador, pero no es fácil, constituye un arduo trabajo que aprenderemos, seguramente a costa de muchos errores.

“A perdonar solo se aprende en la vida, cuando a nuestra vez hemos necesitado que nos perdonen mucho” Jacinto Benavente

 

Claudya V.Stigliano

 

 

 

 

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